Carl Jung observó que las mismas cosas que te hacían tener éxito durante la primera mitad de tu vida dejaban de funcionar en la segunda y se volvían contra ti. El fraile franciscano Richard Rohr me lo formuló de este modo: «A veces son nuestras fuerzas y no nuestras debilidades las que a menudo nos impiden avanzar». Servicio, ambición, deber, lealtad, el deseo de ser el mejor, el deseo de decir que sí… no son tan malos rasgos de carácter. Siempre los he considerado mis puntos fuertes, aunque últimamente dudo de si en algún momento no se convirtieron en una tapadera de algo más sospechoso. (…) Este constante anhelo de imbuirse de lo extraordinario hasta que empiezas a dejar de apreciar lo ordinario.
1761. Bono
0


