Cuanto menos inteligentes son las personas, más seguras de sí mismas tienden a mostrarse, un fenómeno que recibe el nombre de efecto Dunning-Kruger, por el nombre de los investigadores de la universidad norteamericana de Cornell que lo estudiaron por primera vez. (…) diversos estudios (…) han demostrado que todos los humanos (…) tendemos a creer más en aquellas personas que hablan con mayor seguridad, aunque lo que digan sea mentira. Recordemos que las personas inteligentes son las más inseguras y dubitativas, mientras que las necias son las más firmes y vociferantes. (…) Se diría, en fin, que nuestro cerebro idiota nos inclina a acatar las opiniones de los estúpidos.


