Pedir diálogo sin más equivale a tirarle una piedra a la Luna. La dirección es buena; la distancia habría que trabajarla un poco más. El gesto acaso sirva para aplacar la mala conciencia, lavarse las manos o quedar como persona razonable ante la opinión pública; pero ya digo que muchas veces se nota el oportunismo o la vaciedad de la petición. Harto sospechosa de insinceridad, cuando no de intereses ocultos, resulta la sugerencia de diálogo entre un agresor y un agredido, particularmente cuando la agresión prosigue en toda su crudeza, como estos días en Ucrania, lo que supone un suplemento de tiempo ganado por el primero y la resignación de su víctima a aceptar de entrada cierta cantidad de derrota.


