No es más que un dron, pero el primer ministro lo observa como si se tratara de un pene extraordinario, quizá el suyo. No deja de ser curioso que todas las armas defensivas estén inspiradas en esa pieza masculina. De ahí que las guerras resulten tan pornográficas (…) Los militares de la derecha cruzan púdicamente las manos sobre sus genitales en parte para disimular de qué hablamos cuando hablamos de drones, aunque sin ser capaces de evitar con ese mismo gesto poner de relieve el verdadero asunto de la conversación.


