Todo lo cual sucedía bajo las quejas de los nostálgicos de siempre: deploraban que el libro eléctrico amenazara tradiciones tan entrañables como las librerías, los bosques productores de papel, la tala de esos bosques, las imprentas, los camiones de distribución, la quema regular de millones de ejemplares, las grandes bibliotecas materiales y sus diversos operadores. Alguien los parodió lamentando la invención de la imprenta desde el punto de vista de los lectores de 1460 (…) Pero el sarcasmo no les hizo mella: suele pasar con los conservadores.
1631. Martín Caparrós
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