He aquí un signo de poder: el de las manos en los bolsillos. No todo el mundo sabe introducírselas. Es cierto que la mayoría de la gente, cuando no tiene ni idea de qué hacer con sus extremidades, se las lleva ahí. Pero no todos con la misma gracia. Hay que haber alcanzado un grado de autoestima considerable para hacerlo con naturalidad y con cierto descaro. Se huele enseguida al que las esconde porque no sabe cómo manejarlas. Nos interesan ahora quienes se las meten porque sí, porque les da la gana. No hay imagen más atractiva que la de una persona que silba con las manos en los bolsillos. Intuimos que llegará donde quiera.
1442. Juan José Millás
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