Acepto toda la responsabilidad. No fue Guy O, ni Edge, ni Adam, ni Larry, ni Tim Cook, ni Eddy Cue. Pensé que, si poníamos nuestra música al alcance de la gente, tal vez se decidieran a oírla. Pues no. Como dijo un gracioso en las redes sociales: «Esta mañana desperté y encontré a Bono en mi cocina, bebiéndose mi café, con mi batín, leyendo mi periódico». O, dicho de manera menos amable: «El álbum gratuito de U2 es demasiado caro». Mea culpa.


