(Me fui de las redes sociales) Primero, porque me hacían perder mucho tiempo. El odio me da igual, no te afecta realmente, ahí no hay nada más que un intercambio de algo que no existe. En cambio, no tengo ganas de que me quieran ahí. No tengo ganas de que me den likes, que me pongan corazoncitos cuando digo algo. Para un escritor, no está bien. No escribimos para ser amados, para gustar o para recoger comentarios estúpidos en plan: “Ah, es genial, te adoro, es guay, gracias”. No, eso no me interesa. De hecho, no tengo ganas de saber qué piensa la gente de mí, ni qué piensan de lo que pienso. No quiero que sepan dónde estoy ni con quién, ni lo que hago. Es impúdico y carece de interés.
1353. Leila Slimani
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