La tibieza es una especie de adulteración o necrosis de la prudencia, un achaque propio de viejos que, en los jóvenes, resulta especialmente odioso. (…) Antes de adentrarse en los nueve círculos infernales, Dante se detiene en una antesala, para describirnos a los tibios que allí se encuentran, “gentes que vivieron sin gloria ni infamia»: el cielo los rechaza porque no hicieron nada bueno, atrapados en la cárcel de su virtud estéril; Y el infierno los rechaza también, porque nada malo hicieron, cómodamente instalados en esa cárcel. En el fondo, no hay vida más jodida –sin gloria ni infamia– que la del tibio atado a sus seguridades, mucho más si es joven.
1313. Juan Manuel de Prada
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