Soporté meses el acoso laboral porque sabía que la empresa intentaría no pagarme una indemnización, y si además me iba yo, renunciaba a mi derecho de subsidio por desempleo. No podía permitírmelo. Aguanté hasta el despido. Y no estoicamente, sino con un claro cuadro depresivo y de ansiedad permanente. Algunos de mis compañeros sí se fueron dignamente porque tenían ese apoyo económico. Ese concepto de la dignidad también está ahí. Al final, es otro privilegio.
1303. Marta Ventura
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