Uno ya ha visto lo suficiente como para no extrañarse de nada. Es cosa demostrable que la rebeldía permanente implica una forma de acomodo social, tras la cual se esconde a menudo un sólido núcleo de conservadurismo. Para demoler se necesita que otros construyan, lo que genera dependencia respecto al orden que se pretende subvertir. (…) Y es que las transformaciones de calado no las promueve la acción inicial, negativa y tantas veces pueril de la rebeldía, sino aquella otra posterior, que induce al verdadero rebelde a colocar algo afirmativo o provechoso en el hueco dejado por la negación.
1062. Fernando Aramburu
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