Ya en la calle, me tropiezo con un vecino que me toma por mí, de modo que finjo que soy yo y nos detenemos a charlar un rato (dice que viene del podólogo). Al principio me cuesta un poco ser yo, pero tras cuatro o cinco frases de cortesía comienzo a adoptar mi personalidad y consigo hacerme pasar por mí sin despertar sospechas.
1053. Juan José Millás
0


