Ni dios, para empezar, porque no existe. Si existiese, yo sería el primero en adorarle, porque me cuentan que no valen coñas con los dioses, que son muy caprichosos, exigen lealtad exclusiva y tienen un sentido de la justicia completamente estrafalario. Tampoco existe el unicornio azul, ni el Ratoncito Pérez, pero no pierdo el tiempo con ellos porque nadie ha matado, torturado y sojuzgado en su nombre, tal como suele la clase sacerdotal de cuanta religión ha existido.
1043. Manuel Saco
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