Se mantenía el uso de esa extraña forma de tortura consistente en almacenar durante años en espacios muy custodiados a personas de un mismo sexo. Esos depósitos contenían, en esos días, en todo el mundo, unos doce millones de cuerpos: curiosamente, casi la misma cantidad que policías. Solo Estados Unidos tenía más de dos millones, poco menos del uno por ciento de su población —y la mayoría de ellos por asuntos relacionados con el comercio de drogas ilegales.
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