La naturaleza, la vida, gira en torno a relaciones, no a individuos o grupos. Cuando veía la selva desde aquí [São Paulo], por más que leía, la entendía como vegetación, densa, exuberante, deforestada. Recuerdo el primer fuego cuando ya vivía allí, cuando era ya alguien distinto. Ahí entendí que estaba viendo holocaustos. Porque cada árbol es un planeta conectado a otro planeta, cada uno con millones de seres vivos. Y cuando ves que el bosque arde, tienes perezosos muriendo, jaguares muriendo, guacamayos, monos, sapos, insectos muriendo… Algunos con dolores insoportables. Asistes impotente a holocaustos. Y, al día siguiente, solo hay silencio. La selva es muy ruidosa, solo se sume en el silencio cuando ha muerto.
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