El neurótico de pobreza es menos habitual, pero se da frecuentemente en artistas y personas de índole idealista. En ellas subyace la creencia de que enriquecerse es malo, lo cual les lleva a autoboicotearse. Si les van bien las cosas, eso significa que han traicionado sus principios o han pisado a otros. La idea de que para ser puro hay que ser pobre está enraizada en la cultura judeocristiana. La misma Biblia nos recuerda que “es más fácil que un camello pase por el ojo de la aguja que un rico entre en el reino de los cielos”. El neurótico de pobreza también puede temer ser criticado, o incluso perder afectos, si mejora su nivel de vida.
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