No es verdad que sólo las malas personas cometan actos malvados; dadas las circunstancias propicias —una guerra, una crisis seria—, incluso las mejores personas pueden cometer los peores errores. (…) todos albergamos una parte maldita; conviene saberlo: porque, si lo sabes, puedes gobernarla; pero, si no lo sabes, corres el riesgo de que sea ella quien te gobierne a ti.
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