Los Ángeles. No hay otra ciudad en la que tanta gente viva de su imaginación. He adorado Los Ángeles desde el momento en que la banda y yo llegamos aquí en 1981 (…) Se dice que la gente en Los Ángeles es falsa, pero a mí siempre me ha parecido transparente y sincera. Parecía como si los gilipollas, los timadores o los chanchulleros llevasen un cartel que anunciara: «Vamos a robarte».
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