El modelo sexual, que está hiperrelacionado con el mito del amor romántico, es ultracoitocentrista, heteronormativo a muerte, falocrático. Y ese modelo, en las relaciones heterosexuales, pone la presión en el pene, en que esté erecto, en aguantar muchísimo. Y como no están educados en hablar de cómo se sienten, no lo hablan entre ellos. Lo viven como “tengo un problema yo”. Pierden además disfrute porque se limitan las prácticas al sota, caballo y rey… Es un desastre.
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