La mayoría de las personas que nosotros diagnosticamos por cirrosis de causa alcohólica no se han emborrachado en su vida. Lo que pasa es que, claro, se puede tomar bastante alcohol sin emborracharse. Emborracharse es el efecto agudo del alcohol sobre el sistema nervioso central, sobre el cerebro; pero el efecto crónico es el que afecta a otros órganos y el que más lo padece es el hígado: todo lo que bebes, al cabo de pocos minutos, está en el hígado. Entonces, la cantidad que se considera que aumenta ya el riesgo de tener una enfermedad hepática crónica es relativamente baja: son entre 14 y 21 unidades de bebida en los hombres (una unidad de bebida es una copa de vino o un quinto).
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