La textura de nuestro tiempo es la apatía. El exceso de acción desmemoriada, desorganizada, genera ilusiones pronto defraudadas. El activismo estéril, impaciente y agitado, de las redes sociales, espuma de una ola que acaricia el sistema y no cambia nada, anticipo de un deseo menguante, de una retirada hacia el interior de nosotros mismos, el comienzo del cinismo, la derrota de la utopía. Al optimismo no le sientan bien las herraduras.
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