La zona más violenta del mundo en esos años, América Latina. (…) Estados Unidos, un caso extraño: todavía era el país más rico y poderoso del mundo pero tenía tasas de homicidios propias de un país pobre, diez veces mayores que las de Europa Occidental. Muchos creían que esa plaga se debía a la antigua tradición según la cual todo buen ciudadano debía tener sus propias armas —para defenderse de los extraños, los extranjeros, los delincuentes, los diferentes o los dirigentes—: el arma como un rasgo central del ser americano. (…) los 330 millones de estadounidenses se repartían, en esos días, casi 400 millones de armas de fuego. (…) Lo cual se traducía en unos 15.000 asesinatos y unos 24.000 suicidios con arma de fuego cada año.
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