Si como está constatado, nuestras vidas están determinadas por la genética, la familia, la educación, las amistades, las costumbres, las circunstancias, la experiencia, el dinero, el trabajo, la salud, la edad y hasta por la mala suerte, ¿no deberíamos juzgarnos unos a otros con mucha menor severidad, dado que nuestra libertad de acción está tan condicionada?


