Hay días en los que vas al despacho y eres el único que comparece, tus personajes no se presentan y te pasas la mañana sentado a solas frente al escritorio, diciéndote que eres tonto de remate. Otros días hay suerte y todo el mundo se presenta al trabajo. En cualquier caso, el escritor debe hacer acto de presencia todos los días. Porque si de pronto brota una idea, te conviene estar en situación de cogerla al vuelo y aplicarla.
Read More