Los generadores de arte de inteligencia artificial se entrenan con unos conjuntos de datos inmensos, millones y millones de imágenes protegidas por derechos de autor, recopiladas sin que lo sepan sus creadores ni, por supuesto, se los compense o se les pida permiso. Es el mayor robo de arte de la historia. Perpetrado por empresas aparentemente respetables respaldadas por capital riesgo de Silicon Valley. Es un robo a plena luz del día.
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