A lo largo de la historia del capitalismo moderno, las Big Con (una expresión que se refiere a las “grandes consultoras” o la “gran estafa”) han estado siempre listas para subirse a cada nueva ola de disfunción. (…) Puede ocurrir a veces que los gobiernos contraten consultoras para cubrir vacíos en sus capacidades propias. Pero por desgracia, se ha convertido en norma otorgarles lucrativos contratos de gran alcance incluso en áreas que obviamente deberían ser parte de las competencias del Estado. (…) Cuando todo se subcontrata, las agencias públicas no pueden desarrollar en su seno las habilidades y el conocimiento que se necesitan para hacer frente a nuevos retos. Y es preocupante. (…) Depender cada vez más de grandes consultoras con modelos de negocios extractivos atrofia la innovación y la capacidad estatal, debilita la rendición de cuentas democrática y dificulta discernir los efectos de las acciones políticas y corporativas. Y en una era de disrupción climática, estas consecuencias se han vuelto existenciales.
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