Lejos de ser un error evolutivo, la intoxicación química ayuda a resolver una serie de dificultades propias de los seres humanos: potenciar la creatividad, aliviar el estrés, generar confianza y conseguir el milagro de que los primates, fieramente tribales, cooperen con desconocidos. El deseo de emborracharse, junto con los beneficios personales y sociales que procura la ebriedad, fue un factor crucial para desencadenar el auge de las primeras sociedades a gran escala. No podríamos haber tenido civilización sin la intoxicación.
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