Culpo a los hombres de ser herederos de la escritura romantizada. Son esos que tenían la vida económicamente resuelta, con mujeres que les cocinaban y les lavaban la ropa, que se podían dar el lujo de escribir como un acto elevado, como un acto propio de los genios. Esos son los que nos dijeron que lo importante era la literatura en sí misma, amar el acto literario hasta que duela. Yo llegué a la literatura desde una familia de comerciantes: si no vendía, no había paga. Con esa lógica llegué, no con la de señores burgueses que pueden darse el lujo de escribir por amor.
Read More