Un vistazo a la historia europea del siglo XX ilustra que, grosso modo, hay dos tipos de personas (y solo en condiciones extremas sabemos a cuál de ellos pertenecemos): las personas que salvan y las personas que se salvan. (…) La terrorífica política de exterminio por el hambre (Holodomor) provocada por las políticas de Stalin en 1932-1933, que segó la vida de alrededor de cuatro millones de ucranios, nos muestra, además del lado más escalofriante del totalitarismo, que la supervivencia no solo fue una lucha física, sino sobre todo moral: los primeros en morir fueron los que no quisieron robar, los que compartieron su comida, los que renunciaron a matar a sus semejantes, los que se negaron a practicar el canibalismo. De algún modo, los que salvan, salvan al mundo, mientras que los demás viven, vivimos, un poco de prestado.
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