Hay historiadores de la ciencia que atribuyen la primacía de Occidente desde la época de la Ilustración a los avances en la precisión de las mediciones, las del tiempo y las del espacio, las de la velocidad, las de los estados de la materia. Cuando en el siglo XVIII se inventó una manera precisa de establecer la longitud, y por lo tanto de situar la posición de un punto cualquiera en el océano, la navegación se volvió mucho más segura y también más eficiente. El progreso en las mediciones parece menos excitante que el de las ideas, pero sin concreción material las ideas se pierden gaseosamente en el aire o, peor aún, adquieren encarnaciones monstruosas. El sistema métrico decimal y no la guillotina es uno de los logros supremos de la Revolución francesa. Nuestro mundo se basa, para bien y para mal, en la capacidad de medir lo ínfimo y lo máximo, la distancia entre dos partículas subatómicas y entre dos galaxias.
Read More