El que contrata está temblando porque le salga bien. Y cuando contratas a una persona y resulta que se convierte en una persona imprescindible, no hay nadie más feliz que tú. Y créeme, te importa muy poco si tiene los ojos azules y si es un hombre o es una mujer. Te importa muy poco. Lo que quieres es que sea eficaz, que curre bien, que sea leal y que tenga dignidad y que no sea un hijo de puta o una hija de puta. (…) porque la mala gente no es solo que es mala gente, es que te hace perder un huevo de tiempo porque está malmetiendo con unos, con otros. Mira, este tiene menos talento, pero es buena gente. Contrato al que es buena gente, por eficacia.
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