El euskera tiene medio millón de hablantes competentes, es decir, que hablan y escriben con propiedad. La situación de fragilidad es real. Hay que cuidarlo. Es como un pequeño canal de agua. Si lo subdivides, se acaba el chorro. A la aldea se regresa para coger aire, para hablar con la gente, para admirar la naturaleza, no para contagiarse de una mentalidad cerrada. (acerca del euskera batua frente a otros dialectos del idioma como el vizcaíno).
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