Lo físico sigue siendo un poderoso imán para los humanos. Las prestaciones del mundo analógico que incluyen el tacto, el olor, la textura o el ruido de las páginas de un libro conforman una experiencia multisensorial que nos ayuda a recordar mejor lo que leemos y escuchamos. En un ereader o en Spotify, las letras y la música se suceden automáticamente sin que ningún ritual o referencia física le confiera un carácter especial a cada pieza o la vincule a algún momento de nuestras vidas. Todo se distribuye en un interminable y monótono hilo de contenidos que se olvida demasiado rápido.
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