Nuestro mundo se sostiene sobre la exactitud, pero no tiene escrúpulo en desentenderse de ella, quizás todavía más en países de pasado oscurantista, palabrero y clerical como el nuestro. Entre nosotros las palabras han prevalecido sobre los números, los anatemas sobre los razonamientos, y nuestro modelo político preferido ha sido durante siglos, y hasta ahora mismo, más el monólogo encendido desde la tribuna o el púlpito que el debate bien argumentado entre posiciones distintas.
1344. Antonio Muñoz Molina
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