Para mí, dejar de hablar fue una decisión. Es difícil de entender esa decisión. Recuerdo ese año de silencio y creo que fue porque estaba abrumada por todo lo que estaba pasando. Mi padre desapareció, había conversaciones sobre torturas de presos políticos, mi madre trataba de que todo pareciera feliz y normal. Yo tenía miedo, estaba asustada y preocupada, y creo que ante todo eso decidí dejar de hablar. También descubrí en ese tiempo el poder del silencio. Si no hablas, de pronto todo el mundo quiere escucharte. Los niños en la escuela, que era una escuela muy racista solo para niños blancos, me decían: “¿Eres tonta?”. Y yo asentía con la cabeza. Eso también era poderoso, descubrí, porque estaban tratando de insultarme y, si yo hubiera dicho que no, que no era tonta, que era la verdad, hubieran intentado machacarme.
1284. Deborah Levy
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