Jugar es decirle al destino que nada iba en serio. Jugar es darle a la vida otro merecido final. Quien no juega, solo mira. Y no hay nada más triste que pasar por la vida siendo un mero espectador. Por eso, cuando algo o alguien te proponga un juego, tú juégalo, juégalo siempre; y hasta las últimas consecuencias. Es que el día que nos morimos es el día que dejamos de jugar.


