Con 13 años besé a una chica y el lunes, al llegar a la escuela, un tipo supercarismático y nefasto, misógino, creído y supernarcisista se inventó que ella había dicho que cuando la besé se sintió como una banana devorada por un chango. Se volvió la burla del año en la escuela y destruyó mi adolescencia. Hace unos años supe que él se había hecho millonario y presidía el club de seguidores de Trump de Tampa. No me volví a atrever a besar a una niña. Me temblaban las rodillas. Estaba convencido de que era realmente feo y ridículo, me convirtió en un personaje monstruo de Kafka. Cuando llegué a la universidad y alguna mujer me tiraba la onda, pensaba que me estaba tendiendo una trampa. Al principio no me creía que pudiera ser atractivo. Me costó perder ese miedo horrible.
921. Francisco Goldman
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