¿Y si descubrimos que no sabemos vivir en la calma? ¿Y si, tras recorrer la escondida senda, solo sentimos agujetas? ¿Y si Zaratustra no nos espera en la cumbre? ¿Y si toda la sabiduría, el placer y la alegría de los días estaban ya aquí, en este aceleramiento y esta locura urgente, y no los disfrutamos porque unos escritores ambiciosos y adictos al trabajo nos convencieron de que la vida era otra cosa? Yo me quedo con mis prisas, no las cambio por ningún silencio.
265. Sergio del Molino
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