No existe la felicidad. No es necesaria, además. La imperfección es maravillosa y la incertidumbre, fantástica. Ya no vivo con reloj. No sé ni qué hora es, ni qué debo hacer después. Todo eso lo he aprendido ahora. Incluso a estar mal, a sentirme mal. No pasa nada. Puedo llorar. (…) Vivo a lo ancho, no a lo largo. No me anticipo a lo que vendrá luego. Vivir a lo largo es andar en un estado de pretensión de control del tiempo, las circunstancias. Y vivir a lo ancho es permitirte sentir el día.
2606. Juanjo Fraile
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