En los años setenta se calculó que, si la tasa de expansión del universo hubiera variado en la decimoquinta cifra decimal hacia arriba o hacia abajo, no estaríamos aquí. O bien las galaxias no se habrían formado por ir demasiado rápido, o bien todo habría implosionado nada más empezar por ir muy despacio. Esto dejó a los científicos perplejos, Implicaría que la emergencia del universo pudo ser provocada y no aleatoria. El azar no serviría, por tanto, para explicarla y se necesitaría una inteligencia superior, alguien con un plan… (…) Si la existencia del universo es un milagro; que brote la vida ya es de traca (…) ¿Lotería? Eistein dijo que Dios no juega a los dados. Según los autores (Michel-Yves Bolloré y Olivier Bonnassies) hace falta un relojero que sepa muy bien lo que hace.
2581. Carlos Manuel Sánchez
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