Aceptar que los animales sueñan tiene consecuencias filosóficas, éticas y políticas. Para empezar, nos abre un vasto horizonte a la experiencia de otros seres y nos cambia la manera de ver la mente animal. Los sueños de los animales nos enseñan que ellos también tienen consciencia, emoción e imaginación. El hecho de que los animales sueñen implica que son sujetos con experiencias, seres con una perspectiva propia sobre el mundo, e implica también que tienen sentimientos y emociones.
1817. David Peña-Guzmán
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