Nuestras celebraciones navideñas nos inundan con deseos de paz y bondad, pero no faltan turbulencias y choques planetarios a escala familiar. En los convites, junto a las alegrías, acechan los dragones de viejas heridas ocultas, recuerdos melancólicos, tensiones no resueltas y cenas con carga explosiva altamente inflamable. (…) son días de remordimientos y renacimientos, de asperezas y esperanzas.
812. Irene Vallejo
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