Las divisiones entre izquierda y derecha reflejan estructuras económicas de otra era, cuando había una gran clase proletaria y otra empresarial. Incluso era algo que se reflejaba internacionalmente, con esa fractura entre el mundo comunista y el capitalista. Hoy nos movemos cada vez más hacia la política de identidad, porque vivimos en sociedades más diversas, donde la clase ya no es lo que más polariza. Es más bien la raza, la inmigración, las actitudes hacia cuestiones sociales como el aborto o los derechos de los gais. Putin no ha dejado de repetir que el problema de Occidente no es que lo dirijan capitalistas, sino que esté dirigido por gais. La sociedad china es lo menos diverso que existe. Echa un vistazo al Congreso del Partido Comunista Chino, lleno de hombres mayores. O a su represión en el Tíbet, o contra la minoría uigur. Xi Jinping ha ordenado que eliminen de la televisión a los presentadores que consideraba afeminados. Tucker Carlson, uno de los periodistas de la cadena estadounidense Fox que más ha defendido a Trump, admira a Putin, lo ve como un conservador con valores cristianos tradicionales. La política identitaria es el gran motor de estos contrastes.
337. Gideon Rachman
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