Cuanto más largo es mi tiempo de sobriedad, más convencida estoy de que sin el alcohol no habría escrito, de que sin el alcohol no habría leído o, en definitiva, de que sin el alcohol no podría existir. Que hoy no lo consuma no quiere decir que hasta hace bien poco no me lo haya administrado en exceso. Que hoy no desee ser adicta a sus efectos no es sinónimo de que en cualquier momento no me vaya a tropezar en una recaída. Lo sé porque lo he leído en la mayoría de los autores y las autoras a quienes admiro, e incluso en aquellos a los que aborrezco: es difícil decir algo que no haya dicho ya un borracho.
3286. Luna Miguel
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