Muchas veces oigo a la gente decir de alguien que es carismático y ya me echo a temblar. ‘Carismáticos’ han llamado a casi todos los dictadores de este siglo y del anterior (…). Carisma tienen los sumos sacerdotes y gurús de las sectas más absurdas, los asesinos en serie, Rasputín, los telepredicadores, los estafadores, los depredadores, los mentirosos, los iluminados. Hay que huir del carisma como de la peste, porque mata y envilece, casi tanto como esta.


