Para que yo me forme una opinión (…) Me hizo falta viajar, toparme con círculos sociales distintos a los míos, descubrirme en otros husos y otros usos, ser la profesora invitada en algún lugar distinguido donde sentí cómo las opiniones me cambiaban porque entonces la extranjera era yo. Discrepé de la opinión ajena y de la propia, firmé algún acuerdo de paz con mis principios. (…) He necesitado contenerme para no buscar el favor del veredicto público en el titular más escandaloso; he tratado de eludir la prepotencia del columnista que sienta cátedra o se cree Júpiter de rayos divinos. (…) Escribo sin traje ignífugo cerca de la inmensa hoguera donde arden la actualidad y los comentarios.
3135. Lola Pons Rodríguez
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