Para que yo me forme una opinión, para que mi parecer se exprese en un texto, fue necesaria mucha escuela y un millar de hechos. Tuve que aprender qué era la prensa: me acostumbré al cotidiano deporte por el que un flemático repartidor barbudo en moto lanzaba, con la pericia de un Robin Hood urbano, un periódico envuelto en una goma desde la calle al balcón de casa; tuve que asumir que esa entrada olímpica del periódico mañanero era perfectamente compatible con su uso inmisericorde como base absorbente para la bolsa de la basura doce horas más tarde.
3122. Lola Pons Rodríguez
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