El uso de la fuerza debe respetar siempre tres principios: el de distinción, que exige que se diferencie entre la población civil y los combatientes y objetivos militares y prohíbe los ataques indiscriminados; el principio de precaución, que exige tomar todas las medidas posibles para reducir al mínimo la pérdida de vidas civiles; y el principio de proporcionalidad, que exige que las partes se aseguren de que la pérdida de vidas civiles no sea excesiva en comparación con la ventaja militar de un ataque.
3052. Mónica Ceberio Belaza
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