Quienes tienen que resolver los trámites administrativos, solicitar un cambio de residencia, una gestión puntual o atención médica caen en la desesperación. Ya no existe la recepción cercana salvo en esforzados y voluntariosos profesionales que extralimitan sus funciones y por más que se publicitan teléfonos de ayuda pocas veces ofrecen respuesta. La concesión de cita es casi una lotería, que se divide en tramos por horas y para cuyo manejo estás obligado a convertirte en ingeniero informático y monje cartujo al mismo tiempo.
2934. David Trueba
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