Yo hace tiempo que no la busco. Me pasa como con el amor. Si el amor tiene que volver otra vez a mi vida, tocará a mi puerta. No se puede andar por las esquinas buscando el amor. Eso no conduce a nada. No conduce más que al insomnio y a la resaca. Y la felicidad, igual. La felicidad vendrá si tiene que venir, y si no que la zurzan, porque tampoco es imprescindible. Para mí ya es imprescindible otra cosa, que es la serenidad. Y poco a poco, yo que creí que la serenidad era una cosa de serenos, de esos que antes había por las calles pregonando la hora y abriendo las puertas, ahora comprendo que la serenidad es sentirse como una pequeña tesela de un gran mosaico, prescindible, mínima, confusa, pero en su sitio.
2804. Antonio Gala
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